Un emprendimiento para fanáticos del fútbol

Un emprendimiento para fanáticos del fútbol

Hoy les acercamos otra historia inspiradora, esta vez de un joven emprendedor de Capital Federal. Juan Ignacio López, 24 años, Licenciado en Marketing, creador de CanchaCar y fanático de San Lorenzo. Convencido de que el fin último de emprender es la felicidad y que la mejor maestra es la experiencia.

Conectó diferentes variables que lo marcaron a lo largo de su vida y desarrolló un sitio web que se encarga de unir a hinchas de mismos clubes que quieren viajar y compartir gastos para ir a la cancha.

Contanos un poco de tu historia Juan ¿cómo fue que la vida te llevó a emprender?

A los dieciocho años empecé a trabajar en un banco por una pasantía. Trabajaba ocho o nueve horas por día y después me iba a la facultad cuatro horas. Estuve trabajando ahí durante dos años y sentía que todos mis esfuerzos estaban siendo puestos en la dirección equivocada. Sabía que estaba dejando la vida en ese trabajo y al mismo tiempo sentía que nadie lo valoraba.

La crianza de mis padres me inculcó valores y una forma de ver las cosas que difería mucho de cómo se manejaban en el banco. Todo esto me empezó a hacer ruido y a generarme incomodidad, empecé a cuestionarme ciertas cosas: ¿Qué significan para mí el dinero y la economía? ¿Queda algo para mí después de todo el esfuerzo que estoy haciendo?

De a poco me di cuenta que yo quería ser feliz, que quería hacer algo que me llenara, algo más que el dinero.

Fue así como con un amigo decidimos desarrollar nuestro primer emprendimiento, una consultora financiera para pequeños ahorristas; apuntábamos a personas con un ingreso mensual y que no sabían en qué invertirlo.

En ese mismo momento gané una beca de la Universidad de Salamanca, España. Tuve que viajar y por esta razón la consultora no se pudo dar, pero nunca lo consideré como un emprendimiento fallido.

Entonces, partiste hacia España ¿Cómo influyó este viaje en vos?

Viste que siempre te dicen “viajá que te va a abrir la cabeza”, yo lo consideraba una frase hecha, pero fue así.

Entender que el mundo no es solo como te lo enseñaron o como vos lo veías, es un privilegio. Este viaje marcó un antes y un después en mí.

Estando en España quería aprovechar para viajar y conocer, así que cada vez que tenía un tiempo me iba a hasta Madrid o algún lugar cercano, siempre en colectivo. Hasta que conocí una aplicación de servicio de economía compartida que se llama BlaBlaCar. Estos servicios se basan en que alguien pone a disposición un bien sin buscar una ganancia económica, solo para compartir gastos.

Así me recorrí todo España viajando con esta app. Viendo lo fácil que era coordinar un grupo de personas, dividir gastos y viajar con esta aplicación, siempre pensaba lo bueno que estaría poder aplicar un servicio similar en Argentina pero para ir a la cancha.

 

¿Cómo fue tu vuelta a Argentina?

Cuando me tocó volver al país, ya tenía las ideas fijas de terminar mi carrera universitaria y emprender. Mientras terminaba de sacar las últimas materias pendientes desarrollamos con un amigo un negocio online en dónde vendíamos productos importados. Con el tiempo esto se fue diluyendo y así terminó mi segundo emprendimiento.

Tampoco lo consideré como un fallo. Pero tenía que seguir, el bichito emprendedor ya me había picado y no podía volver a trabajar en relación de dependencia.

Fue cuando inspirado en BlaBlaCar, empecé a desarrollar la idea CanchaCar.

Ya tenía pensado casi todo, pero solo eran ideas sueltas que tenía que llevarlas a cabo. Así que me puse manos a la obra. Tenía que ser un servicio que solo trabajara para un grupo de personas muy específico: tenían que tener afinidad con la tecnología, que les guste ir a la cancha y que al mismo tiempo se animen a usar servicios así.

Esto último parecía ser un problema, en Europa y Estados Unidos los servicios de economía compartida son muy utilizados, pero acá en Argentina es diferente. Muchas de las personas a las que les contaba la idea CanchaCar me contestaban que estaba buenísima pero que con el tema de la inseguridad no funcionaría.

Pero yo lo veía de otra forma, uno cuando va a la cancha en el transporte que sea y ves a otro simpatizante de tu mismo club con la camiseta te da una cierta tranquilidad y se genera una especie de empatía. Yo quería reflejar esto pero en un servicio mucho más personal.

En ese momento empezó a gestarse de lleno la idea CanchaCar, podría decirse…

Exacto, yo ya estaba decidido. Así que empecé a investigar, a buscar presupuestos para desarrollar partes específicas del sitio. Me contacté con una persona, ví sus trabajos y fue cuando me di cuenta que esto lo podía hacer yo solo.

Necesitaba refrescar mis escasos conocimientos de programación web de la escuela primaria y aprender nuevas herramientas, empecé a googlear en busca de tutoriales.

Para los que no saben un sitio web tiene dos partes: el código y el diseño gráfico. Haciendo un paralelismo con un auto, el código sería el motor y toda la carrocería sería el diseño.

Estuve seis meses trabajando en el código y mirando videos tutoriales en YouTube, todos los días durante incontables horas y poco a poco fui mejorando el funcionamiento de CanchaCar hasta dejarla como es hoy en día.

 

¿Hay algún plan a futuro para CanchaCar?

Fue tan grande el crecimiento, en tan solo tres meses y tuvo un impacto tan positivo en la gente, que sí, actualmente estoy buscando un equipo o algún socio para seguir trabajando en los próximos pasos. Soy consciente de que a CanchaCar le tengo que seguir sumando cosas. Pero lo más importante para mí es hablar con los clubes de fútbol y trabajar en conjunto para que el funcionamiento del sitio sea mucho más seguro y que vaya más gente a ver a su club preferido.

 

De alguna forma utilizaste muchas de las cosas que te marcaron en la vida para desarrollar este emprendimiento ¿Algún mensaje para esos emprendedores que recién están empezando?

Tenemos que animarnos a las nuevas experiencias, a hacer cosas, porque todo esto nos va a ayudar en algún punto de la vida.

Las oportunidades están ahí y hay que tomarlas. Tenemos que confiar en nosotros mismos, si ya te picó el bichito emprendedor y sabés que lo tuyo es otra cosa le tenes que dar para adelante, la recompensa es muy gratificante.

 

Autor

Responder