Nació en Córdoba la primer incubadora feminista

Nació en Córdoba la primer incubadora feminista

Para abrir la puerta de una casa y abandonar el machismo con el que se convive es necesaria la autonomía. Lograr independencia económica para las mujeres y géneros disidentes es una de las estrategias para frenar la violencia de género. En ese sentido, el próximo lunes se lanza en Córdoba la primera incubadora feminista, un espacio de formación y desarrollo para fortalecer proyectos que vinculan emprendedurismo y políticas de género.

Según informe de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en Argentina, de las mujeres que realizó una denuncia el año pasado el 36% acusó violencia económica y patrimonial, siendo la franja etaria más afectada la comprendida entre los 22 y 49 años.

Ocurre porque si bien creció la participación de la mujer en el mercado de trabajo, la incorporación está dada bajo condiciones precarias que no garantizan la independencia económica: muchas sufren la flexibilización a costa de poder cumplir a tiempo con las tareas de cuidado y del hogar que recaen sobre sus hombros.

Trabajar desde el hogar, una alternativa

Es por eso es que en el último tiempo crecieron los proyectos, tanto individuales como colectivos, que buscan generar un ingreso de dinero a través de emprendimientos que las mujeres o géneros disidentes pueden desarrollar desde sus hogares, como una forma de empezar a construir autonomía.

La Incubadora Feminista lo que hará es capacitar a todas aquellas mujeres que tengan una idea o un emprendimiento en marcha, con la intención de fortalecer su negocio acompañadas por mentoras expertas en negocios, tecnología y emprendedorismo con perspectiva de género.

“Es en realidad una institución que acompaña y genera herramientas emprendedoras para darle fortalecimiento o potenciar emprendimientos que sean hechos por mujeres, para mujeres y con mujeres o géneros disidentes. Parte de generar la independencia económica para no seguir viviendo la violencia del sistema patriarcal es poder darles capacitaciones, acompañamientos y mentorías que las lleven a modelar o idear sus negocios para ser sostenible en el tiempo. Se trata de darles herramientas emprendedoras a esas comunidades vulneradas que hoy no tienen un lugar en el mercado porque están totalmente excluidas”, explica Shams Selouma, directora de la Incubadora Feminista Latinoamericana.

Lunes de Impacto

Shams es estudiante de Ciencias Políticas y dirige una incubadora de triple impacto desde hace dos años y medio. Está a cargo del proyecto que se lanzará oficialmente el próximo 25 de marzo a las 18.30 en Espacio Abasto, ubicado en el Pasaje Agustín Pérez Nº 6. En la presentación participarán Milagro Teruel, cofundadora de Mujeres en Tecnología; y Vanesa López Schaufele y Ana Ortiz Sosa, cofundadoras de la consultora Equilátera.

La iniciativa surge en el marco de #LunesDeImpacto, un ciclo de conversaciones que surgió en Espacio Abasto, que nació hace un año como una empresa de innovación y un laboratorio de proyectos de futuro. Allí se trabaja sustentabilidad, urbanismo y acupuntura urbana generando proyectos que impacten tanto en lo social como en lo ambiental de la ciudad de Córdoba.

“La economía está sesgada por un sistema patriarcal”

“La veta feminista de esta incubadora (que se diferencia de lo tecnológico y de los emprendimientos de triple impacto) es el reconocimiento de que existe un problema cuando esas comunidades llegan a estos espacios donde se brinda todo el conocimiento necesario para implementar un negocio. Primero porque la economía está sesgada por un sistema patriarcal y segundo porque incluso las herramientas emprendedoras están creadas con un mainstream supuestamente neutral que no lo es. Hay que adaptarlo, transformarlo y resignificarlo para que sea eficaz frente a distintas situaciones, sobre todo en este contexto atravesado por la vulnerabilidad”, explica Shams.

No es casual pensar en conjunto al emprendedurismo y al feminismo. Así como hay que repensar las escuelas, las empresas, las instituciones donde conviven distintos géneros, también hay que reflexionar sobre los marcos referenciales construidos en todos los campos.

“El emprendedurismo en los últimos años tiene un boom por sobre las otras formas de generar un negocio y pensarlo desde el feminismo es generar negocios distintos frente a necesidades y contextos distintos. Es necesario crear igualdad y para llegar a esa igualdad es necesario transformar las herramientas sobre las que nos paramos”, asegura la directora del proyecto.

Reducir la vulnerabilidad desde la perspectiva feminista

Para generar independencia económica a través de las herramientas emprendedoras se prevé hacerlo en tres instancias distintas según el tipo de emprendimiento que requiera acompañamiento y capacitaciones: la primera será de un mes, otra de tres meses, y la última de cinco meses. E
n esos plazos se afrontarán -e intentarán resolver- las distintas problemáticas por las que pasa el negocio, desde la valorización del trabajo de quienes están a cargo de la iniciativa hasta la organización del equipo emprendedor y la propuesta de valor que tiene.

La idea es poder incubar 10 proyectos el primer año y a través de los servicios virtuales trabajar en todo Latinoamérica. Podrán participar todas aquellas mujeres y personas de géneros disidentes que tengan una idea de negocio y que la quieran desarrollar en la incubadora, pero además que esa propuesta sea para generar un impacto positivo en la mitigación de la violencia de género. Es decir, buscan que sea en el proceso de producción del servicio o producto que se venda o en la forma de organización que tenga el proyecto donde comience a gestarse una estrategia para reducir la vulnerabilidad desde la perspectiva feminista.

“Se trata de trabajar en las intersecciones de lo productivo, el feminismo y el empoderamiento colectivo. Es necesario visibilizar este tipo de emprendimientos que están creando un impacto positivo en la mitigación de la violencia de género no solo a nivel económico sino también educativo o social, justamente desde una sostenibilidad económica y desde un modelo de negocio distinto”, sostiene Shams.

Para ella, “es necesario empezar visibilizando que existe la discriminación y que existe la violencia, poniendo el foco en lo productivo generando una subjetividad de producción distinta donde sea transversal la igualdad de género como horizonte”. “Queremos generar un cambio no solamente en términos de experiencia sino también teóricamente construir nueva formas de producir en las cuales la equidad sea transversal a todo”, asegura.

Fuente: LMDiario

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